Atentados de Madrid del 11 de marzo
19/03/2004 Lecturas: 10.954
Una amiga, Bárbara, nos envía esta carta llena de emotividad que refleja el inmenso dolor que sentimos los españoles y ciudadanos de casi todas las ciudades del mundo tras los atentados de Madrid del 11 de marzo. Nuestro agradecimiento para ti, Bárbara, por compartir con todos nosostros tan bellas palabras.
El 11-M ha marcado para los españoles un antes y un después en sus vidas. Tengo 25 años, soy tripulante de AVE y viajera diaria de la línea de cercanías del horror, ya que junto a mi familia, amigos y vecinos vivimos en las inmediaciones de la estación de El Pozo, en la cual día tras día y a cualquier hora acudo a coger el tren que me llevará a Atocha, mi trabajo.
Quiero transmitir mi desolación, a través de mi más profunda y fuerte repulsa a la masacre vivida y sufrida en mi barrio y mi ciudad. Ya no se trata de aquel terror selectivo al que estamos acostumbrados. En esta ocasión se trata de un terror general, contra todo un pueblo, contra toda una nación, arrasando con todo, arrasando con personas inocentes que iban a trabajar, a estudiar, a forjarse un futuro que les fue arrebatado cruelmente, arrasando con niños, víctimas aún más inocentes si cabe, atentado exclusivamente contra la vida.
La sensación que permanece y que se siente es de rabia, impotencia, horror, miedo y sobretodo dolor, mucho dolor... El dolor que siente la gente de bien, los ciudadanos y los demócratas que desde la primera detonación se lanzaron a la calle heroicamente para ayudar y socorrer a todas las víctimas, aunque algunas de ellas ya no estaban entre nosotros, ya habían calentado con su sangre el acero frío de las vías...
A todos los que ayudaron en la labores de rescate quiero hacerles llegar mi más sincera admiración y orgullo. El tren de la vida sigue su trayecto por la vía de la Paz para los que seguimos vivos, para los familiares de todas las víctimas fallecidas y para los heridos, cuyas secuelas físicas podrán desaparecer, pero las psíquicas tardarán en curarse. Les mando todo mi aliento.
En honor a los viajeros de aquellos trenes, y a las víctimas del terrorismo mundial, este será el final del horror. Trabajaremos y lucharemos duro por la derrota del terrorismo, porque nuestras manos llenas de paz y vida son nuestras armas y las tenemos limpias. Yo, mientras tanto, seguiré subiéndome a los trenes, como deber y con valentía. Hagamos todos lo mismo.
Las velas de todos los puntos de la estaciones pronto apagarán sus llamas, pero nos quedará vuestro eterno recuerdo. Descansen en Paz.
Bárbara Benaque del Castillo -
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